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Mali. Crónica de una recolonización programada

Foro para otro Mali (FORAM)

Miércoles 18 de abril de 2012, por Revista Pueblos

“Es preferible que las cabras se peleen entre ellas en su cercado a la intermediación de la hiena.” - Proverbio bamanan.

1. Mali en el orden cínico mundial

Dejada al descubierto por la amputación de dos terceras partes de su territorio, el golpe de Estado del 22 de marzo y el embargo total de la CEDEAO, la extrema vulnerabilidad de Mali tiene que ver ante todo con la traición de las élites. No dan la cara, rehúsan cualquier debate de fondo sobre los objetivos de la globalización capitalista. Todo ha quedado aclarado: la recolonización del país por medio de las políticas neoliberales entra en una nueva fase que obedece al esquema libio, con la única salvedad de la intervención de la OTAN.

El imperialismo colectivo necesitaba explotar, como en Bengasi, los rencores de una parte de la población que vive con el sentimiento de ser marginada. La rebelión Tuareg venía como anillo al dedo. La reivindicación de dos terceras partes del territorio maliense por parte del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) acaba de ser satisfecha con la complicidad de la “comunidad internacional”.

Al ser el hueso maliense mucho menos duro de roer que el hueso libio, bastaba con sacar provecho de la descomposición del ejército nacional y con mirar para otra parte ante la progresión de los atacantes fuertemente equipados con armas sofisticadas procedentes de los arsenales libios, para que el asunto quedara resuelto.

Todo ello ocurrió rápidamente, entre el 17 de enero de 2012 y el 4 de abril de 2012. Los poderosos miembros de la “comunidad internacional” no tuvieron pues que mancharse las manos. Consideran que su honor queda a salvo con algunas declaraciones de principio sobre la inviolabilidad de la integridad territorial de Mali. Pero hasta que los rebeldes del MNLA declararon que habían alcanzado sus objetivos, los Estados unidos no les pidieron que “cesaran” las operaciones militares.

Los objetivos energéticos, de seguridad, migratorios e ideológicos de la guerra global encuentran su mejor expresión en esta recolonización que los dirigentes políticos malienses no vieron venir y que algunos de ellos se niegan aún a admitir. Francia espera obtener de la futura República laica y democrática de Azawad lo que el Presidente maliense Amadou Toumani Traoré (ATT) no quiso acordarle: la base de Tessalit, de alto valor estratégico en el plano económico y militar, y firmeza en la lucha contra la emigración “clandestina” y Al Qaeda en el Magreb (AQMI).

Más o menos indiferente al destino del pueblo maliense frente a la doble agresión de la rebelión y de la CEDEAO, la opinión pública occidental se ha estremecido al conocer la participación de Ançar Dine y de AQMI en esta recolonización de Mali.

2. La violencia de la CEDEAO contra el pueblo mártir de Mali

Conmocionados y dolidos por la idea de ser un pueblo sin Estado y sin ejército digno de ese nombre frente a combatientes fuertemente armados que logran la caída de sus ciudades una tras otra, las malienses y los malienses se ven sometidos ahora por el tratamiento de choque del embargo total por parte de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO).

En la Cumbre extraordinaria del 27 de marzo de 2012, en Abiyán (Costa de Marfil), la organización regional tomó la decisión de enviar a Bamako una delegación de muy alto nivel para pedir al capitán Amadou Haya Sanogo, que tomó el poder el 22 de marzo de 2012, la restauración más rápida posible del orden constitucional. Hubo de dar marcha atrás frente a la movilización de las víctimas de la democracia formal y corrupta que ven en este golpe de Estado una liberación. Fue en el aeropuerto de Abiyán donde los Jefes de Estado de la CEDEAO dieron a las nuevas autoridades malienses un ultimátum de 72 horas para cumplir con sus exigencias si no querían que Mali fuera sometido a un embargo.

Cumplieron esa amenaza a partir de lunes 2 de abril de 2012, a pesar de que tras un encuentro en Uagadugú (Burkina Faso) entre una delegación del CNRDRE y el Presidente de Burkina Faso, que desempeña el papel de mediador, el capitán Amadou Haya Sanogo aceptó el regreso al orden constitucional. Esta declaración, celebrada por la mayoría de las malienses y los malienses, no fue suficiente para ciertos Jefes de Estado de la CEDEAO especialmente intransigentes.

Las sanciones en cuestión consisten, entre otras, en:

La suspensión de Mali en todas las instancias de la CEDEAO.

La llamada a consulta de todos los embajadores de la organización.

El cierre de las fronteras.

La congelación de los haberes de Mali en el Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO) y el no aprovisionamiento de las bancas nacionales.

La suspensión de los programas de ayuda al desarrollo.

El recurso militar podrá traducirse en “un incremento considerable de efectivos de la Fuerza de la CEDEAO para actuar ante cualquier eventualidad”.

Más importantes aún que la ayuda exterior, para las familias que se benefician de ella, son los fondos de la diáspora, una parte de los cuales pasa por Western Union y Money Gram, que tampoco llegarán a las malienses y los malienses.

La carestía de la vida que, por sí sola, ha creado un clima casi insurreccional antes de la rebelión y del golpe de Estado, se agrava. Los precios se disparan en las regiones ocupadas, donde los pillajes se centran sobre todo en los alimentos y los medicamentos, que empiezan a escasear.

1. El sentido del golpe de Estado del 22 de marzo de 2012

Las mujeres, en este caso las madres y esposas de los soldados que se dirigían hacia el Norte, infra equipados para defender a Mali, fueron las primeras en manifestar su ira. Fueron a ver directamente al Presidente Amadou Toumani Touré y le pidieron, en más de una ocasión, explicaciones. La degradación de la situación se tradujo posteriormente en manifestaciones que menoscabaron bienes pertenecientes a personas y personalidades de la etnia Tuareg.

La degradación de la situación está en el origen de la sublevación de Amadou Haya Sanogo y de sus compañeros que desembocó en el golpe de Estado del 22 de marzo de 2012.

La “comunidad internacional” no se conmovió demasiado ante las atrocidades cometidas en Aguelhok contra militares desarmados ni por la ocupación, una tras otra, de las ciudades del Norte. Sin embargo alzó de inmediato la voz para condenar un golpe de Estado que juzga tanto más inaceptable cuanto que se produce en uno de “los países modélicos de la democracia” poco antes de una elección presidencial en la que ATT no era candidato.

Simplista pero abundantemente difundida por los medios de comunicación, esta lectura les viene bien a todos aquellos que se dejan convencer de que Mali era hasta entonces una democracia ejemplar.

El punto de vista de los desencantados y de los que democracia ha abandonado a su suerte es absolutamente ignorado, e incluso despreciado. 2. Cuando el orden constitucional “normal” sirve de tapadera

“No queremos nada antiguo, sólo lo nuevo”, gritaban los manifestantes malienses durante los acontecimientos sangrientos de marzo de 1991 para expresar su aspiración profunda a un auténtico cambio democrático. Estaban convencidos de que el presidente Moussa Traoré era el único culpable del naufragio de la nación y de que su expulsión bastaría para instaurar la democracia y la justicia. No fue así.

En veinte años de “transición democrática”, asistida y alabada por la “comunidad internacional”, la montaña dio a luz a un ratón. El pueblo se siente desamparado pero inaudible. El golpe de Estado llegó cinco semanas antes de la primera vuelta de la elección presidencial, en un contexto casi insurreccional.

Totalmente descarriada, la democracia servía de tapadera a los negocios.

Analicemos la situación:

El multipartidismo que tanto deseábamos, en vez de favorecer el debate de ideas y la confrontación de proyectos sociales entre formaciones políticas, se tradujo en una proliferación de partidos cuya cantidad supera hoy los 140, en un país con 14 millones de habitantes. Ajenos a sus bases electorales, los dirigentes democráticamente elegidos se ocupaban únicamente de todo tipo de estrategias de captación de la “ayuda al desarrollo” y de las oportunidades de negocio que el sistema liberal les ofrece.

Son los vencedores de ese sistema económico y político mafioso quienes, como “demócratas millonarios”, se preparan para ocupar el puesto de ATT, comprando todo lo que pueda ser comprado, desde la papeleta de voto hasta la conciencia de los electores.

“Enriquézcanse y cállense” es la regla no escrita del juego político, mientras que las operaciones cosméticas de la buena gobernanza, entre ellas la Oficina del Verificador General, mantienen viva la ilusión de la ejemplaridad democrática.

Sus hijos que, con ostentación, exhiben sus millones, incrementan la indignación de los jóvenes desheredados que ni siquiera tienen derecho a una escuela de calidad, ni a un empleo y a un sueldo, ni a un visado para intentar mejorar su suerte en otro lugar.

Ningún partido político puede presumir hoy de una base electoral preparada e impregnada de las apuestas y desafíos del cambio, capaz de elegir así a sus dirigentes con conocimiento de causa, y controlarlos en el ejercicio de sus funciones. Los electores sólo son contactados esporádicamente, pero son asaltados a la hora de los escrutinios por candidatos siempre dispuestos a pagar su voto.

La sociedad civil, cuyo papel es formar, controlar e interpelar a la clase política, vive de compromisos. Evitando los temas molestos logran beneficiarse de las financiaciones de los partenariados técnicos y financieros (PTF).

La libertad de expresión que tanto costó alcanzar está sometida a vigilancia en los medios de comunicación públicos. Se traduce por la existencia de un paisaje mediático denso (periódicos y radios privados) que, para sobrevivir, se comporta como la sociedad civil: saber venderse. En cuanto a la única cadena de televisión nacional, la ORTM, es “la voz de su amo”.

Los verdaderos empresarios, tanto los locales como los de la diáspora, que desean invertir en su país están desmotivados por una administración corrupta, dispuesta a obstaculizar las mejores iniciativas cuando no se benefician de ellas.

1. Aún es posible salvar verdaderamente a Mali y su banda sahelo-sahariana.

Mali no está amenazado por un golpe de Estado militar que pone en peligro un proceso de democratización ejemplar, sino por la misma democracia formal y sus apuestas geopolíticas, económicas y estratégicas, de las que los ciudadanos de a pie no tienen la más mínima idea.

Frente al papel de bombero pirómano de Francia en la crisis maliense, no podemos dejar de pensar en la Ley Nº 57-27 del 10 de enero de 1957, por la que se creaba una Organización Común de las Regiones Saharianas (OCRS). Su objetivo era la “expansión económica y la promoción social de las zonas saharianas de la República francesa y su gestión, en la que participarían Argelia, Mauritania, Sudán (el Mali actual), Níger y Chad”.

Para salvar verdaderamente a Mali, conviene:

Aprovechar este drama nacional para rescatar el pensamiento crítico y la valentía política. Es ilusorio y suicida creer que somos un país libre e independiente que no necesita más que dirigentes democráticamente electos para crecer. Los defensores de esta tesis son los vencedores del orden injusto y violento del mundo, más preocupados por sus intereses que por la suerte del pueblo maliense.

Repensar la indispensable democratización de Mali en términos de segunda liberación. Esta exigencia que se imponía en el plano político, económico, monetario y cultural reviste desde ahora una dimensión territorial. La tarea es tanto más difícil cuanto que los objetivos son colosales y las relaciones totalmente asimétricas.

Privilegiar la resistencia por medio del rearme moral, la creatividad política y la solidaridad hacia los más vulnerables y especialmente las mujeres, los jóvenes y la población rural. La tentación de obtener inmediatamente cincuenta millones de dólares para la compra de armamento o de apelar a la fuerza de interposición de la CEDEAO abre la vía a una guerra asimétrica y sin fin.

Ganar en lucidez y en madurez política, dándonos cuenta de que los “emergidos” que dictan su ley tanto en la economía como en materia de democratización necesitan ante todo las inmensas riquezas de nuestro continente, ocultando la violencia del modelo económico que promueven a nivel planetario: mientras Mali se hunde en la guerra en el Norte y los malienses se preguntan cómo sobrevivir, el pillaje del oro, abundante en el país, sigue alegremente en beneficio de las multinacionales. Nos corresponde ser perspicaces en el análisis de los objetivos y de las relaciones de fuerza y audaces en la defensa de los intereses de nuestro país, que no han de ser confundido con la cuenta bancaria de algunos individuos legitimados por elecciones fraudulentas.

Hacer de Mali un ejemplo a seguir para la CEDEAO, cuyos Jefes de Estado, en su intransigencia hacia los autores del golpe de fuerza del 2 de marzo temen sobre todo ser desestabilizados tanto en sus posiciones de renta como en sus certezas. Esta observación es igualmente válida para los partidos políticos cuyo sueño es sustituirlos en la apertura de nuestras economías al mercado mundial desleal.

Recordar a las potencias occidentales que son esas mismas políticas de dependencia las que están en el origen de la emigración “clandestina”, el integrismo religioso y los atentados que califican de terroristas.

Concluimos, a la luz de lo que precede, que no corresponde a los jefes de Estado de la CEDEAO el papel de jueces y parte que toman decisiones sobre la situación de la democracia como en el caso maliense, sino a los pueblos soberanos.

La gravedad de la situación en Mali y en la banda saheliana exige la convergencia de las luchas de los pueblos agredidos del Sur y las del Norte, cuyos dirigentes, que dan lecciones de democracia mientras ponen en marcha nuevas guerras, rinden más cuentas a las agencias de calificación que a sus electores.

Hacer justicia al pueblo de mártir de Mali en las circunstancias actuales, empezando por la anulación inmediata del embargo que le ha sido infligido y el reconocimiento de su derecho a la iniciativa, a pensar y proponer a la CEDEAO una estrategia concertada de salida de la crisis.

Hecho en Bamako el 4 de abril de 2012

FIRMANTES:

AMINATA D. TRAORE (ANIMADORA DEL FORAM, ENSAYISTA; SEYDOU BADIAN KOUYATÉ (ESCRITOR); ASSETOU FOUNE SAMAKÉ (PROFESORA); KARAMOKO BAMBA (MOVIMIENTO NKO); ISMAEL DIABATÉ (PINTOR); DOUMBI FAKOLY (ESCRITOR); JEAN BOSCO KONARÉ (HISTORIADOR); MANDÉ ALPHA DIARRA (ESCRITOR); MADANI KOUMARÉ (ECONOMISTA); BORIS BOUBACAR DIOP (ESCRITOR); ABDOULAYE NIANG (ECONOMISTA); BOUBACAR COULIBALY (PERITO CONTABLE); NDO CISSÉ (UNIVERSIDAD DE LAS LETRAS); NATHALIE MDELA MOUNIER (ESCRITORA); AISSATA CISSÉ (COMUNICADORA); MARIAM KANAKOMO (COMUNICADORA); SAFI SY (EDUCADORA); SYLVIE SANOGO (EDUCADORA); HAOUA KEITA; ABDOULAYE SANGARE (ABOGADO).

Publicado en Fundación Sur

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