Artículos de jose
Los intelectuales de América Latina, entre los que me considero por adopción, han cometido dos tipos de errores en sus análisis de los procesos políticos de los últimos cien años, sobre todo cuando contienen elementos nuevos, ya sean ideales de desarrollo, alianzas para construir el bloque hegemónico, instituciones, formas de lucha, estilos de hacer política. Por supuesto, los intelectuales de derecha también han cometido muchos errores, pero aquí no me ocuparé de ellos. El primer error ha consistido en no hacer un esfuerzo serio para comprender los procesos políticos de izquierda que no encajan fácilmente en las teorías marxistas y no marxistas heredadas. Las primeras reacciones a la Revolución cubana son un buen ejemplo. El segundo tipo de error ha consistido en silenciar, por complacencia o temor de favorecer a la derecha, las críticas de los errores, desviaciones y hasta perversiones por las que han pasado estos procesos, perdiendo así la oportunidad de transformar la solidaridad crítica en instrumento de lucha.
La frecuencia con la que un tema aparece en los medios de comunicación no conlleva necesariamente un mejor conocimiento de esa realidad, pero sí genera una opinión sobre ella. En el caso de Palestina, esa opinión se traduce en un “eso no hay quien lo entienda”, “eso no tiene arreglo” o, modelo de comentario con pretensiones históricas, “eso lleva así desde tiempo inmemorial y… no hay quien lo arregle, ni quien lo entienda”. Es decir, que mejor no hacer nada. Aunque la confusión siempre favorezca al opresor.
El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a escenarios económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial.
“Hagamos patria previniendo los incendios forestales”, exclama la voz 'en off' de un anuncio institucional. Lo emite 'Canal 6', cuyo lema, que se remite machaconamente, es “Nicaragüense por gracia de Dios”. No se trata de una televisión cristiana; es el único canal que depende directamente de la Presidencia de la República. Apenas dos anuncios después se emite un 'spot' de promoción de la cultura 'nica' que termina con una imagen electoral del presidente Daniel Ortega con la leyenda “Bendecidos, prosperados y en victoria”, que inunda (en forma de vallas publicitarias y camisetas regaladas a la ciudadanía) las calles y los cuerpos del país centroamericano.
Al Nakba se gestó durante el siglo XIX en las cancillerías colonialistas occidentales y se puso en marcha a raíz de la primera guerra mundial con la declaración Balfour y la consiguiente ocupación inglesa de Palestina. Comenzó a llevarse a cabo en 1948 con la creación de Israel y la consiguiente expulsión y desplazamiento de la gran mayoría del pueblo palestino hacía la diáspora, catástrofe que tristemente se le conoce con su término árabe de Al Nakba. Sus más inmediatos resultados fueron la división geográfica del mundo árabe y el desgajamiento geográfico y demográfico del pueblo palestino así como la inestabilidad política constante de los pueblos árabes desde la aparición del cáncer israelí.
En el año 2004, el gobierno de Guatemala quebrantó por una vez la tradición de impunidad del poder, y oficialmente reconoció que Myrna Mack había sido asesinada por orden de la presidencia del país. Myrna había cometido una búsqueda prohibida. A pesar de las amenazas, se había metido en las selvas y las montañas donde deambulaban, exiliados en su propio país, los indígenas que habían sobrevivido a las matanzas militares. Y había recogido sus voces.