Artículos de jose
Cooperar en Darfur (Sudán) no es hacerlo en cualquier sitio. Cuando la cooperación al desarrollo, la ayuda humanitaria o los programas de construcción de paz se llevan a cabo en una zona tan conflictiva como ésta, aspectos como la sostenibilidad, la permanencia o la viabilidad quedan a expensas de variables que ninguno de los actores presentes en ese contexto puede controlar en su totalidad.
En Colombia se registra la tasa de desempleo más alta de América Latina. Llevamos catorce años consecutivos con tasas de desempleo de dos dígitos (en abril de 2010, según el Departamento Nacional de Estadística, DANE, el 13 por ciento). Es importante tener en cuenta este dato, ya que una de las banderas del presidente Uribe ha sido justamente la cohesión social. Ésta, que no se ve por ningún lado desde la óptica de los trabajadores, sí seguramente existe desde la de los empleadores.
Los movimientos revolucionarios de los años sesenta, setenta y ochenta se han convertido ahora en partidos políticos y, en la mayoría de los casos, "politiqueros" partidarios y "electoreros". Esto se ha llevado a cabo usurpando incluso siglas históricas, construidas a sangre y fuego.
El Salvador de posguerra heredó (contrariamente a lo que debió ocurrir) un pueblo trabajador con muy bajo nivel de organización sindical. La finalización del conflicto armado y la firma del acuerdo de paz llevaron a la dirigencia del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) a considerar “inconveniente” la continuación de la lucha de calle y a orientar, con y desde sus bases, el manejo de un lenguaje y de unas acciones conciliadoras. Esto dio ventajas a las derechas que, sin perder tiempo, “vendieron la imagen del presidente de la paz”, que introdujo en el país las políticas económicas neoliberales: privatizaciones del patrimonio del Estado, despidos masivos, apertura casi total a las ofertas de un mercado sin restricciones (mano de obra barata, sin pago de aranceles, etc.) y fortalecimiento de la cultura antisindical. Políticas que convirtieron a El Salvador en país de maquila y de ensamble.
Durante la última década, América Latina se ha constituido en un objetivo estratégico para la expansión de los negocios de las empresas españolas. Por eso, desde el Gobierno de Zapatero se dice que “nuestras empresas están en América Latina para quedarse, se trata de una apuesta de Estado que no tiene marcha atrás”[1]. Y, para los próximos tiempos, las corporaciones transnacionales están viendo cómo disponer de perspectivas de mercado aún mayores: aprovechando el marco de las alianzas público-privadas y con las estrategias de Responsabilidad Social Corporativa como referencia, las multinacionales españolas están llevando a cabo nuevas inversiones en países como Panamá, Brasil y Colombia, que sirven como ejemplo para ilustrar la actual fase de expansión de sus negocios.
Vivimos tiempos de cambio, instalados sobre unas posibilidades tecnológicas nuevas, sobre un agresivo discurso que procede de quienes tienen el poder, el dinero y la capacidad de decisión, sobre una pasividad preocupante por parte del sindicalismo oficial y sobre una resignación que se extiende por el conjunto social. Vivimos en una sociedad cada día más rica y cada día con un mayor número de pobres. Una sociedad desigual, injusta, autoritaria y, la mayoría de las veces, irracional.