Artículos de jose
La gestión sostenible y planificada del agua en Costa Rica, que permanece bloqueada por los intereses económicos del sector hidroeléctrico, turístico y agroindustrial, representa el mayor obstáculo para el desarrollo de un modelo energético 100% renovable.
La década de los años 90 es tristemente recordada en Ecuador. Tras años de recetas neoliberales, el siglo XX llegó a su fin con la mayor crisis financiera de la historia, provocada por la quiebra de la banca privada. Como luego sucediera en otros países de la región, el Estado salió al rescate de la oligarquía económica y congeló los depósitos de millones de familias ecuatorianas que vieron cómo de la noche a la mañana se esfumaban sus ahorros y desaparecían las oportunidades para encontrar un empleo. Esta crisis, que, años después, se recuerda como el “salvataje bancario”, llevó al exilio económico a más de dos millones de personas, principalmente a Estados Unidos, España e Italia.
Han pasado más de 10 años desde que la UNESCO declarara el año 2003 como el Año Internacional del Agua Dulce. El tercer Foro Internacional del Agua, celebrado aquel año en Kioto, arrojaba unas conclusiones estremecedoras que intentaban situar el tema en primera línea de la agenda política. El director general de la UNESCO, basándose en el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos, lanzaba esta dura advertencia: “Ninguna región del mundo podrá evitar las repercusiones de esta crisis que afecta a todos los aspectos de la vida, desde la salud de los niños hasta la capacidad de las naciones para alimentar a sus ciudadanos”[1]. El documento señalaba que los recursos hídricos disminuirán continuamente a causa del crecimiento de la población, de la contaminación y del cambio climático.
“¿Es posible que las compañías multinacionales puedan llevar ante la justicia internacional a Estados soberanos cuyas políticas puedan tener un efecto restrictivo sobre sus beneficios y sean contrarias a sus intereses privados? Y tanto que sí”, sostienen los autores.
“Tomamos las armas simbólicas y bajamos a la capital para preguntar a la opinión pública si así teníamos que defender el agua. Esto provocó un gran impacto. No habíamos calculado la magnitud mediática que iba a alcanzar”. Habla la comandanta Victoria Martínez. Mujer. Indígena. Mexicana. Luchadora por la defensa del agua. Ella, junto a otras mujeres mazahuas[1], tomó el mando de la lucha de sus comunidades en defensa de su agua. Su voz, su fuerza y su imagen llegaron lejos y lograron que las instituciones públicas mexicanas atendieran sus reivindicaciones.
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