Artículos de jose
Visitar cárceles de mujeres es ser testigo de la crueldad del sistema penal y de su capacidad de actuar del modo más brutal posible. Es un sistema que tiene el poder de quitar mucho más que la libertad; que reduce a las personas a los episodios aislados que la justicia consideró en un momento dado que eran crímenes y que, a partir de ahí, pasa a tratarlas como si no tuviesen más derechos: convierte vidas en números sin acceso a las condiciones mínimas de existencia garantizadas por la legislación y las pone a sobrevivir en ambientes extremadamente insalubres, incluso para los animales. No es posible sentir el olor ácido de las cárceles, escuchar historias de violencia y sufrimiento extremo, y no unirse a la lucha por una transformación profunda de este escenario. Este artículo quiere ser una invitación a que más personas entiendan la realidad de las mujeres presas y se sumen al combate contra el encarcelamiento femenino.
En Honduras, en el año 2012, más de 360 personas murieron víctimas de un incendio en el penal de Comayagua[1]. En Panamá transcurre ahora el juicio de doce funcionarios imputados por la muerte de cinco adolescentes en el Centro de Cumplimiento de Menores de Tocumen en 2011, muertes al parecer causadas por un incendio provocado por policías que lanzaron bombas lacrimógenas al interior de unas celdas cerradas con llave y ocupadas. En Brasil, la guerra entre bandas rivales en la cárcel de Pedrinhas (Maranhão), provocó el asesinato de 62 reclusos dentro del penal en un año. Este caso se difundió por todo el mundo cuando circuló en los medios un vídeo que enseñaba la decapitación de internos por bandas rivales. Todos estos ejemplos son trágicos y brutales casos de violaciones a la integridad y dignidad de personas que se encuentran bajo la custodia de un Estado, casos que demuestran que la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes son prácticas recurrentes y constantes en América Latina.
A la hora de plantear una posible estrategia de la acción solidaria con el pueblo saharaui merece la pena establecer, al menos en cierta medida, los parámetros en los que se desarrolla últimamente la lucha por la autodeterminación del Sahara Occidental y examinar la capacidad actual tanto de la acción solidaria como de las propias organizaciones saharauis. Este artículo sólo pretende contribuir a la reflexión profunda y animar el intercambio entre los actores que citaré a continuación, para generar espacios en los que podamos compartir análisis y conclusiones como base de las nuevas propuestas de acción que vienen reclamándose desde hace mucho tiempo.
Por primera vez en quince años, Brasil recibió en agosto al relator especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. En un viaje de doce días, el abogado argentino Juan Méndez, él mismo víctima de la tortura en su país durante la dictadura militar, pasó por cárceles, centros de detención provisional e instituciones para adolescentes en conflicto con la ley en cuatro estados, además del Distrito Federal. Sus conclusiones y recomendaciones, al final de la visita, eran de la más variada naturaleza, pero una llamó especial atención, sobre todo por parecer no formar parte, en un primer momento, del mandato principal de la relatoría de tortura: la superpoblación de esos espacios de privación de libertad.
A principios del siglo pasado, Mohammad, el abuelo de Lalia, recorría el Desierto del Sáhara con su caravana de dromedarios para conseguir vender la sal y el oro que transportaban desde el Golfo de Guinea a las costas del Norte de África. Hoy, en el siglo XXI, Lalia espera las caravanas de alimentos que miles de personas solidarias del Estado español envían cada año a los campamentos de refugiados saharauis en Tindouf (Argelia), ciudad a la que llegaba el abuelo de Lalia para vender sus mercancías. Terrible condena para un pueblo cuyo único delito es haber querido ser sólo saharauis, en su tierra (la que sobrevive en los mapas de su memoria, en la geografía de sus sueños), el Sáhara Occidental, ilegalmente ocupado por el Reino de Marruecos tras el vergonzoso abandono de España, que dejó a su colonia al albur de las rapiñas.
Las pasadas elecciones tanzanas han sido indiscutiblemente las más controvertidas desde que el país abrazara la democracia multipartidista en 1995. Ha vuelto a ganar el CCM pero los indicios de fraude electoral y una corriente mediática validando los resultados subrayan una estabilidad apuntalada por la propia historia de paz de Tanzania. Sin embargo, la crispación marcará un punto de inflexión en esta región del África del Este y el archipiélago de Zanzíbar será la pieza clave.