Palestina: cuando el peligro de contar una sola historia se hace fuerte

El sueño de muchas y muchos periodistas es informar desde zonas de conflicto. Pero con Palestina casi nadie sueña, ya no… Oriente Medio da otros titulares de, con suerte, consumo máximo en 24 horas en los últimos años. Solo si hay muerte, bombardeos o apuñalamientos habrá, como mucho, 60 segundos de telediario entre la cartelera de cine y la sección de breves de noticias internacionales. La misma lógica puede aplicarse a casi cualquier otro conflicto o situación de vulneración de Derechos Humanos que ocurra a más de 1.000 kilómetros de distancia de nuestro hogar. La distancia inmuniza al ser humano ante la desgracia que cree ajena.

La realidad supera, con creces, esos titulares. Un día en Hebrón, otro en Jerusalén y otro en cualquier pueblo beduino palestino bastaría para comprobar que los titulares se quedan cortos, se encorsetan en la agenda setting para satisfacer al imaginario colectivo del público destinatario y sobre todo al imaginario e intereses capitalistas…. Ceden a las presiones de la empresa de comunicación y estas, a su vez, en el caso de Palestina, a las del lobby sionista.

Es el peligro de contar una sola historia, como advertía la escritora nigeriana Chimamanda Adichie. Afortunadamente, hay muchas y muchos profesionales que respetan ese mantra estudiado en las facultades de comunicación sobre contrastar, al menos, la información, y muchas y muchos otros que además le añaden una ética y relato basado en los Derechos Humanos. Ahí es donde se ha situado la Revista Pueblos, que ha dado voz a las propias palestinas y palestinos, a organizaciones y movimientos de solidaridad con este pueblo.

¿Es tan difícil? ¿Es Palestina la tumba del periodismo? Esta frase ha sonado repetida y demoledoramente en mis oídos los últimos meses. La pronunció el periodista vasco experto en Oriente Medio Mikel Ayestarán en un encuentro en junio de 2018 en Jerusalén[1] con una delegación que visitaba el país. Las instancias políticas ponen difícil la supervivencia de un periodismo que muestre la realidad, el drama humano en esta parte del mundo.

Y aquí recuerdo otra frase que, aplicada a la cooperación internacional para el desarrollo o al periodismo, bien podrían guiarnos cuando se pierde el rumbo entre acusaciones cruzadas de políticas y políticos enfrentados o comunicados xenófobos y tergiversados: “lo más importante son las personas”. ¿Qué impide que el discurso centrado en los Derechos Humanos de la población palestina llegue a la ciudadanía del Estado Español?

No son territorios en disputa,
son territorios ocupados

Además del propio funcionamiento y precariedad de la profesión periodística, las presiones del lobby sionista y el poder corporativo acumulado en el sector de la comunicación a nivel internacional afectan al entramado de la comunicación en el Estado Español. Los esfuerzos por sacar a la luz discursos antisemitas del sionismo están llevando a la justificación e invisibilización de actuaciones ilegales de Israel contra la población palestina, a la justificación del uso desproporcionado e indiscriminado de la fuerza, a las ejecuciones sumarias y un largo etcétera en aras de la seguridad y protección de un Estado abiertamente autodeclarado sionista el pasado mes de julio de 2018, cuando se definió como el “Estado-Nación para la población judía”.

Una vez más, el capitalismo favorece un solo discurso, una sola historia, y es peligroso. Es una amenaza para el fomento de una cultura de respeto a los Derechos Humanos principalmente. Cuando los medios hablan de “guerra” entre Israel y Palestina están dando voz a la propaganda sionista, pues no es una guerra sino una ocupación. Cuando hablan de “territorios en disputa” para referirse a los asentamientos israelíes en los “territorios ocupados”, declarados ilegales por numerosos organismos de Derechos Humanos e incluso por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su resolución 2334 de diciembre de 2016, se da voz a la propaganda sionista. Cuando hablan de “muertos” en vez de “asesinados” o de las víctimas gazatíes de cada viernes desde la convocatoria de la Gran Marcha del Retorno en marzo de 2018 por parte de francotiradores israelíes, se favorece la propaganda sionista, una sola y tergiversada historia. El lenguaje es crucial para contar las consecuencias, ahondar en las causas y visibilizar el curso de la historia de este pedazo de Oriente Medio desde que hace 70 años Israel iniciara la ocupación de Palestina.

Ahed Tamimi
y 350 menores más

Muy al contrario, en pocas ocasiones se ahonda en las causas de una historia simplificada de manera burda, banalizada e inhumanizada en el conteo de víctimas, elevada a noticia del día con la bendición de los resortes de la agenda setting tres veces al año.

Desde diciembre de 2017, cuando la adolescente Ahed Tamimi fue detenida, se ha seguido con cierto interés por parte de los medios generalistas su caso. Se ha denunciado el abuso y contraveniencia a la Convención de Derechos del Niño y la Niña (Ahed tenía 16 años cuando fue detenida) y otra legislación internacional que supuso su detención, enjuiciamiento ante un tribunal militar y encarcelamiento posterior.

Las organizaciones palestinas e internacionales de Derechos Humanos lo repitieron una y otra vez: el caso de Ahed Tamimi no es el único, hay alrededor de 350 menores encarcelados y siguen siendo blanco, sobre todo en Jerusalén Este, de detenciones arbitrarias. Sus condiciones de detención, interrogatorio y encarcelamiento violan flagrantemente sus derechos como niños y niñas. Ese es el discurso que a estas organizaciones les hubiera gustado más que calase.

Pero el pelo rubio y rizado de Ahed Tamimi, su piel clara, se alejan de la imagen estereotipada de la mujer y joven palestina y se acerca más a la imagen occidental, también estereotipada, que el consumidor de televisión, prensa y radio tiene en su cabeza. Esa fue una de las razones por las que su caso transcendió. Interesa, vende.

La mediatización e iconización del caso de esta joven se ha dado tanto a nivel de medios locales palestinos e israelíes como internacionales, tal vez los primeros arrastrados por los segundos, si bien con discursos más o menos profundos en la visibilización de las causas del hecho en sí: la ocupación y la continua Nakba que perpetra Israel desde 1948. Todo ello no menoscaba la gravedad de la detención de Ahed Tamimi, pero empaña el mensaje que ella misma lanzaba el día de su liberación, recordando a las más de 6.000 personas palestinas encarceladas por Israel.

Periodistas en prisión

Otro de los componentes que interfiere en un conocimiento de la situación en Palestina es la política de mordaza informativa infringida por Israel, hasta ahora a modo de detención y encarcelamiento de periodistas palestinas y palestinos. En este momento, cerca de una treintena de periodistas están en prisiones israelíes y la mayoría de estas personas han sido detenidas durante el ejercicio de su profesión por parte de las fuerzas militares israelíes.

Según el Centro Palestino para el Desarrollo y Libertades de los Medios (MADA en sus siglas en inglés), solo durante agosto de 2018 se produjeron 35 ataques a periodistas por parte de Israel. Estos ataques van desde heridas de bala durante las protestas de los viernes en la Franja de Gaza, en el contexto de La Gran Marcha del Retorno, a detenciones prolongadas manteniendo a las personas bajo pleno sol en puntos del Valle del Jordán, incursiones nocturnas en sus casas o golpes durante manifestaciones o concentraciones.

Además de todo ello, el Parlamento israelí ha iniciado el proceso para aprobar la llamada “Ley Mordaza”. Esta ley prohibirá grabar o fotografiar a las y los soldados israelíes, quienes cometen día a día flagrantes violaciones de Derechos Humanos y son una de las caras más visibles de la ocupación israelí. Su incumplimiento podría estar penado con hasta diez años de prisión. Organizaciones palestinas de Derechos Humanos denuncian que esta ley se dirige principalmente a aquellas que documentan casos como el asesinato perpetrado por el soldado Elor Azaria en marzo de 2016 en Hebrón. El uso del audiovisual o la fotografía como herramienta de denuncia, documentación y también de resistencia no violenta ante la ocupación estará en breve más penado que nunca por Israel.

Con todo ello, la frustración informativa de las y los profesionales es común, pero “la frustración de los periodistas es el triunfo de la normalización que persigue Israel”, retomando las palabras de Mikel Ayestarán. No os frustréis, no nos frustremos y seamos perseverantes. Hace pocos meses, en la edición digital de Pueblos, José Manuel Rodríguez Pizarro[2], un compañero periodista de la Asociación Extremeña de Comunicación Social, nos recordaba una frase inspiradora de Mario Kaplún para no desfallecer: “Comunicar es una calle ancha que amo transitar. Se cruza con compromiso y hace esquina con solidaridad”.

*Elizabeth Masero Visiga (Ramallah) forma parte de Paz con Dignidad y del consejo de redacción de Pueblos-Revista de Información y Debate.


[1] “Una delegación vasca visita Palestina”, crónica de la autora de este artículo publicada el 29/06/2018 en www.pazcondignidad.org.

[2] “Una apuesta por los derechos humanos y el cambio social desde la comunicación transformadora”, artículo publicado el 23/07/2018 en www.revistapueblos.org.


Artículo publicado en el nº 78 de Pueblos – Revista de Información y Debate, “¡Hasta siempre!”, tercer cuatrimestre de 2018.

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