Artículos de jose
Este “libro negro” de menos de setenta páginas es un nuevo título de la colección ¿Qué hacemos con…?, de la Editorial Akal y, por tanto, una pieza más de ese proyecto que pretende contribuir a la construcción de un nosotros de resistencia colectiva para lograr un futuro compartido. Escrito a cinco manos y tras un largo debate multidiciplinar entre Juan José Castillo, Ruth Caravantes Vidriales, David García Aristegui, Chus González García y Rocio Lleó Fernández, esta obra pretende desmontar el discurso dominante y generar relatos propios que permitan activar nuevas prácticas políticas.
El asesinato de mujeres en Latinoamérica es un desafío mayúsculo para el desarrollo de la paz y la democracia. Fundada en reportes oficiales, una instantánea de organizaciones no gubernamentales, fiscalías y observatorios de la violencia indica que al menos 18 mujeres son asesinadas cada día en 18 países de la región.
“La comunidad carece del soborno capaz de tentar al hombre sabio”. Pareciera que estas palabras se acabaran de escribir en estos momentos. Casi a partir de ciertas noticias de actualidad. Sin embargo fueron escritas en el siglo XIX, en un breve tratado que Henry D. Thoreau llamó Desobediencia civil (1846)[1]. El autor acababa de ser encarcelado por negarse a pagar los impuestos y, a partir de dicha experiencia, ordenó en este pequeño librito su pensamiento y filosofía de vida.
Existe un género cinematográfico de mujeres, cuyo valor es crear referentes de feminidad no normativa. Pero ese adjetivo también implica riesgos, como marcar una diferencia creativa que lo discrimine, alimentar prejuicios peyorativos y reforzar estereotipos como el de la mujer víctima. Emplear un punto de vista feminista permite crear imaginarios antipatriarcales, ampliar temáticas y proponer nuevos modelos.
Uno de los pilares del neoliberalismo es fragmentar a la ciudadanía haciéndole creer que el individuo solitario, además de grandioso, es portador de todo el valor necesario, sin necesidad de la comunidad. Margaret Thatcher nos convenció de que todos éramos propietarios capitalistas con solo comprar en Bolsa diez mil pesetas en acciones de una multinacional. También nos dicen que, con Internet y desde casa, cada uno de nosotros es un poderoso medio de comunicación y hasta un agente político que lucha a golpe de firmas virtuales. Lo último de la “democracia de propietarios” -porque en eso consiste su concepto de democracia, en ser propietarios- es el emprendedor. Eliminado el concepto de clase social, ahora toca combatir la dicotomía empresario/trabajador.
El 11 de abril de 2002 marcó un punto de inflexión en el proceso de desarrollo de la Revolución Bolivariana y especialmente en la conformación del escenario mediático venezolano. Aquel día, y en las 36 horas que le siguieron, quedó demostrada la participación de los medios privados en coalición con las élites económicas en el intento de derrocamiento del presidente Hugo Chávez. Los sucesos de aquel mes de abril han pasado a la historia como el primer “golpe mediático” en la denominada “guerra de cuarta generación”, caracterizada por la difusión de mensajes contradictorios y rumores con el objetivo de generar desestabilización[1].