Artículos de jose
Tengo 25 años y soy colombiana. He vivido toda mi vida, un cuarto de siglo, en un país en guerra, un conflicto que ha durado más de tres generaciones. Desde que se anunció el actual proceso de diálogo entre el gobierno y las FARC y los posibles acercamientos con el ELN, he seguido estas noticias con interés. Esto me ha generado sin sabores y todo tipo de sentimientos: unos días quedo interesada, otros preocupada, escéptica, reanimada, intrigada, decepcionada, esperanzada y a veces frustrada. En el fondo, no pierdo la esperanza en la posibilidad de una política distinta en el país.
La vida de Marlene García es un momento efímero entre dos eternidades: la muerte de sus dos hijos, “por crímenes de Estado todavía impunes”. El 4 de febrero de 1984 asesinaron a su hijo Jaime Fernando Hurtado y el 16 de mayo de 1997 mataron a Jairo Iván Hurtado. Imposible olvidar las fechas, que Marlene recuerda con orgullo: “Jaime prestaba el servicio militar obligatorio y su pecado fue no querer participar del robo continuado que estaba produciéndose en la oficina de su batallón. A Jairo le dio por estudiar derecho para combatir la corrupción. Los dos acabaron de la misma forma”.
Buena parte de las sociedades latinoamericanas sufre la paradoja de la democracia. Se trata de sociedades que tienen procedimientos democráticos en la toma de decisiones y en la gestión del poder público, pero su grado de democratización real es mínimo. Colombia no es la excepción. Y la paradoja se hace evidente y explícita sobre todo durante la época electoral que comienza a dar sus primeras luces dese el año anterior a la celebración de los Comicios, tal y como sucede en la coyuntura mediática actual.
Vivimos un momento de extrañeza e incertidumbre. Un tiempo que, enredadas en la urgencia de lo cotidiano durante muchos años, no habíamos sido capaces de vislumbrar, siquiera intuir.
Arantza Campos, de Plazandreok, y Kirsten Lattrich, experta en género, debatirán el miércoles 13 de marzo en Donostia acerca de los derechos sexuales y reproductivos en Europa y la lucha del movimiento feminista de Euskal Herria por el derecho al aborto.
Tiene 49 años aunque, por lo vivido, bien pudiera tenerlos todos. Todos son también los años que lleva vinculada a la caña de azúcar. Alfamir Castillo es hija de cortero de caña. Y esposa de cortero de caña. Y hermana de corteros de caña.Y el 90 por ciento del municipio donde vive (Pradera) depende de la caña. Y es la presidenta del comité Mujeres de Corteros de Caña. Y es que, la vida de Alfamir Castillo no se entendería sin la caña de azúcar. Antes de cruzar el océano por vez primera y visitar Newcastle (Inglaterra) invitada por el sindicato de la salud Unison, tiene tiempo para una conversación pausada en la que utiliza sus palabras como si fueran la única forma de descargar la intensidad de lo vivido, que incluye amenazas de muerte por la defensa de un hijo asesinado por militares (Operación Fénix), aunque en esta conversación se centra en el papel de las mujeres relacionadas con la caña de azúcar.