Artículos de jose
Nacido en Múnich hace 70 años, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, Michael Haneke es actualmente el gran triunfador en el ámbito cinematográfico europeo. El pasado mayo estrenó Amour (2012) en el Festival de Cine de Cannes, llevándose la Palma de Oro a la mejor película por segunda vez consecutiva en su cinematografía; había recibido anteriormente el premio especial del jurado de este certamen por La Pianista (2001) y al mejor director por Caché (2005). A pesar de gozar actualmente de un discreto mimo por parte del establishment mediático, la obra de este director supone, entre otras cosas, un ataque frontal contra la esencia de la cultura audiovisual contemporánea, dedicada a empachar los sentidos del público anulando cualquier capacidad crítica del mismo.
“Es todavía demasiado pronto para decir si ya es demasiado tarde”, dijo el humorista Pierre Dac hace ya cinco décadas. Lamentablemente, afirma Serge Latouche, hoy ya no es así: aunque se detuviese de un día para otro todo lo que provoca que se rebase la capacidad de regeneración de la biosfera, no evitaremos que la que el autor llama “catástrofe productivista” afecte a millones de personas y provoque una gran extinción de especies.
Cada 20 de febrero Guatemala celebra el día de la marimba, de su instrumento nacional. Si hablas con un guatemalteco te dirá que, sin lugar a dudas, la marimba nació en su país y que de allí se extendió por el resto de Centroamérica. Pero si la conversación se da con un mexicano sureño también él estará convencido de que su patria vio nacer este instrumento. Curiosamente, el mismo proceso se repetirá si se habla con un tico (costarricense) o con un colombiano.
“El antidesarrollismo es hoy por hoy el único anticapitalismo”, afirma Amorós. “La vida cotidiana es un sector colonizado, invidadido por la técnica, el consumismo y el espectáculo”; “dado que el capital integra perfectamente cualquier reivindicación del trabajo, la cuestión social no puede plantearse como cuestión laboral”; “la lucha por el salario y el empleo a menudo se coloca en el lado de la dominación, debido a que tras la evaporación de los intereses de clase no prevalecen más que los intereses particulares y corporativos, contrarios al ‘desarme industrial’ que exige una sociedad liberada”.
Ya hay gente de la oposición venezolana planteando que si Chávez no venciera a la enfermedad, quien debiera ocupar la Presidencia es el derrotado candidato Capriles. Su lógica democrática suele tener la misma consistencia que su interés por los pobres antes de que Chávez llegara. También están los que creen que pueden ir sin más a los militares a invitarles a dar un paso fuera de la Constitución. Olvidan que en los cuarteles venezolanos ya no cuelgan escenas de West Point ni imágenes de marines matando vietnamitas, sino retratos de Bolívar o del Che Guevara. Otros andan enredando a ver si logran que alguien cercano al presidente dé un paso a favor de la oposición, volviendo a olvidar que si hay ahora un mandato trascendente en Venezuela es la petición de unidad lanzada por el presidente camino de la mesa de operaciones.
El conjunto de los derechos humanos no es inmutable ni se establece de una vez para siempre, sino que posee una dimensión y un carácter históricos, por lo que a través del tiempo se producen modificaciones e innovaciones en su concepción, interpretación y aplicación. De este modo, reflejan el grado de conciencia y de consenso logrados en un momento determinado, dando respuesta a una problemática y unas circunstancias históricas concretas, en torno al ideal de justicia social. En este sentido, las generaciones de derechos humanos constituyen no sólo nuevos derechos reconocidos, sino también etapas o fases históricas en cuanto a la manera de concebir, interpretar y aplicar los derechos hasta entonces reconocidos. Así, por ejemplo, en lo que se refiere al hecho de incluir entre los derechos de primera generación a los derechos políticos, lo cierto es que derechos como el sufragio universal no sólo masculino, sino también femenino, no han sido reconocidos en muchos textos constitucionales hasta bien entrado el siglo XX. Sin embargo, la principal cuestión que se plantea aquí y ahora es: ¿pueden los derechos humanos hacer frente al capitalismo y sus crisis? Más aún: ¿son compatibles dichos derechos con el régimen económico actualmente imperante?