La propiedad de los medios de comunicación en Brasil está muy concentrada. Los grandes grupos de comunicación que actúan en el país (como Globo, SBT, Bandeirantes, Record, Abril, Folha, Estado y RBS) controlan la mayoría de los canales de televisión y radio, periódicos y revistas, productoras de cine, agencias de noticias, discográficas, editoriales y portales de Internet[1]. La actuación de esos grupos en los diferentes medios de comunicación configura una concentración vertical y cruzada, puesto que les permite una producción y distribución de información y entretenimiento en diferentes modalidades de medios.
Resulta paradójico que los representantes políticos de la derecha identifiquen lo popular con los intereses económicos de grandes empresarios, el capital financiero y la burguesía, cuyo proyecto no contempla, entre sus principios ideológicos, la igualdad, la justicia social, el control democrático del poder y la participación ciudadana. La nueva derecha diluye, difumina y oculta en su programa el proyecto neo-oligárquico, simulando representar los intereses de toda la población, independientemente de la clase, etnia, género o estatus social al cual se adscribe cada individuo. Sus políticas –subrayan– van en beneficio de una sociedad ordenada y pluralista. Se sienten representantes de los trabajadores, los sectores medios, las mujeres, la juventud, los profesionales, las amas de casa, los jubilados, inmigrantes, parados y pequeños y medianos empresarios.
Durante décadas, el escenario mediático de América Latina se ha definido por la existencia de grandes oligopolios en manos de las familias más ricas de la región, convertidas en actores políticos ilegítimos con capacidad para imponer y derrocar gobiernos. Sin embargo, el giro a la izquierda dado en la mayoría de los países del subcontinente supuso el alejamiento de las políticas neoliberales para ganar en democracia y participación ciudadana, lo que a su vez implicaba democratizar la comunicación y permitir el acceso igualitario a los medios. Y es que, como recuerda el comunicador Antonio Pasquali, esta participación en igualdad de condiciones no es “la última y refinada coquetería en las democracias adultas, sino la esencia misma del sistema”[1].
Estamos pasando de más de 500 años de resistencia a una etapa de construcción (nueva comunicación, nuevas democracias), donde se deben dar pasos en la práctica y, a la vez, ir diseñando nuevas teorías que tengan que ver con nuestras realidades, idiosincrasias y futuro, rompiendo los añejos paradigmas liberales. En América Latina estamos reinventando la democracia. Transitamos una etapa inédita que recupera y actualiza las mejores tradiciones emancipatorias y de resistencia popular.
En las últimas semanas triunfa en la red Flos Mariae, un grupo musical de "chorrocientas" hermanas que cantan canciones que, al parecer, compone su madre. Son canciones que tratan el amor, el matrimonio, la familia, el esfuerzo, la maternidad y la espiritualidad desde una perspectiva católica integrista. Eso, sumado a que cantan como una almeja, provoca cierto humor en quien no comparte esa lógica. Sí, es divertido. Hasta que descubres que ese grupo es un indicio de un cambio descomunal "por aquí abajo" que puede helar la sangre. Y se te congela la risa. Este artículo, de hecho, es un intento de congelar la risa.
Azken asteotan, hamaika ahizpak osatutako Flos Mariae musika taldea arrakasta izugarria izaten ari da interneten. Abestiek maitasunaz, ezkontzaz, familiaz, esfortzuaz, amatasunaz eta espiritualtasunaz dihardute ikuspegi katoliko integrista batetik. Txarto abesten badute ere, horrek grazia du pentsamolde hori ez duenarentzat. Bai, barregarria da. Baina talde hori hemen behean gertatzen ari den aldaketa erraldoi baten adierazlea dela ohartzean barregura desagertzen da. Artikulu hau, izan ere, barregura ezabatzeko saiakera da.