Desde los 80 el pedagogo Francesco Tonucci viene trazando su entramado pedagógico basado en la construcción de una ciudad pensada y adaptada a los niños y niñas. Su primera obra, La ciudad de los niños, sienta las bases de dicha pedagogía. Desde hace ya más de quince años Tonucci y su alter ego Frato nos sorprenden a través de irónicas viñetas con una visión de la pedagogía nueva y fresca.
Durante el comienzo de los años 80, en un contexto de declive industrial y desempleo creciente, los suburbios franceses se convirtieron en inmensas bolsas de precariedad y pobreza ante la impasibilidad de la República y de los poderes públicos que la representan. Olvidando el lema Libertad, Igualdad y Fraternidad, muchos ciudadanos y ciudadanas descendientes de la inmigración fueron abandonados y relegados socialmente, sin porvenir.
“De los deseos, unos son físicos y necesarios; otros físicos pero no necesarios, los terceros no son ni físicos ni necesarios, sino que se generan de la vacía opinión” (Epicuro[1] , 341 a. C. – 270 a.C.) Desolados rostros serios, somnolientos y crispados, observamos nuestras máscaras en un ritual molesto, temor a ser tocado por lo desconocido[2]. La producción sin fin de nuestra civilización capitalista exige el sacrificio diario de ingentes multitudes, sujetos sin sueños ahormados en códigos de barras a los que un día trocaron deseos de vida por cachivaches tecnológicos, diariamente arrojados al Moloch del progreso.
Que la educación es un instrumento de transformación social lo saben mejor los reaccionarios que los revolucionarios. Son aquellos los que más utilizan el sistema educativo para modelar una sociedad a su medida. Lo podemos ver en los últimos pasos dados en España: tanto los recortes presupuestarios como la contrarreforma llamada “Ley Wert” apuntan a un cambio en dos frentes: la construcción de una sociedad más desigual y la preparación de trabajadores a la medida de las necesidades del mercado.
En política los extremos suelen conducir al cierre de la razón y, en ocasiones, de la sensibilidad humana. Hace unas horas leí un texto de Mario Vargas Llosa ("La partida de la Dama, El País, 21/04/2013)[1] en el cual el laureado escritor hacía una suerte de elogioso obituario a la recién fallecida Dama de Hiero, Margaret Tatcher. Mientras lo ojeaba, vi como la mudez de Vargas Llosa ante los costos y víctimas de las políticas tatcheristas llegaba a alturas siderales. Recordándome que si un socialista degradado puede derivar al estalinismo, desde un liberalismo a ultranza es fácil pasar a posiciones neoconservaduras, difícilmente compaginables con la democracia y la justicia.
El próximo miércoles en Bolunta (Casco Viejo, Bilbao) se celebrará un taller en el que debatiremos acerca del lenguaje neoliberal y patriarcal. Buscaremos estrategias para entender las manipulaciones, cuestionar el poder y movilizarnos. Contaremos con la intervención de Clara Valverde, @enfermarebelde, escritora sobre temas de biopolítica y resistencia. Es profesora de enfermería y coordinadora del Equipo Aquo de formación especializado en la medicina basada en la narrativa, la relación terapéutica y el trauma transgeneracional de la violencia política. Activista por el derecho a la salud en el 15-M y en otros movimientos. Presidenta de la Liga del Síndrome de la Fatiga Crónica. Ha publicado hace poco el libro "No nos lo creemos. Una lectura crítica del lenguaje neoliberal" (Icaria, 2013).