Los discursos de las ONGD contribuyen a construir imaginarios colectivos. Muchas conciben la comunicación como una herramienta para la transformación social, pero urge sortear trampas como el complejo de salvadores, la revictimización y el uso de una jerga tecnificada y abstrusa
El número más antiguo que conservamos de Pueblos es de mayo de 1998, aunque la revista comenzó su andadura tres años antes. Sumergirse en una hemeroteca con las fechas bien presentes es siempre exponerse a un revoltijo de emociones, entre imágenes, datos, declaraciones, líneas estéticas que vienen y van, augurios errados vergonzantes y profecías cumplidas que nos llevan a repetir en cadena “ya lo decía yo”. Echando un vistazo a este primer número del archivo, que tiene algo más de veinte años, sentimos un escalofrío desde la primera línea: “Contra la militarización de las conciencias”, “Carrera de armamentos…”, “Los inmigrantes como víctimas de la globalización”, “El Frente Sandinista ante su Congreso”, “Irak: crisis permanente”, “Aportaciones a una reflexión sobre los movimientos sociales”.
Una de las causas fundamentales de la hegemonía que la derecha oligárquica salvadoreña mantiene, a pesar de haber perdido el control del Ejecutivo en 2009, es la vigencia de un modelo de medios antidemocrático funcional a los intereses de las élites empresariales y políticas, que imponen su dominio ideológico-cultural. A pesar de los avances de los últimos años, la falta de un esquema de medios democrático construido en clave contra-hegemónica es uno de los principales obstáculos para la consolidación de un proyecto de cambios estructurales, aun cuando gobierna un partido de izquierda.
Organizaciones de la sociedad civil vs. empresas transnacionales
El papel de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) ha sido fundamental para confrontar al poder corporativo. Cuando los Estados fallan en sus obligaciones de respetar los derechos humanos y proteger el medio ambiente frente a las actividades empresariales, las OSC han respondido mediante una variedad de estrategias y tácticas para intentar corregir las externalidades negativas características del actual modelo económico global.
En las últimas décadas México ha vivido una transformación profunda, pasando de un modelo económico nacionalista y desarrollista a un modelo neoliberal, basado en la desregulación, las privatizaciones y la internacionalización de la economía. Uno de los ejes más importantes de este cambio de modelo ha sido la privatización del sector energético, especialmente en cuanto al petróleo y la electricidad, a través de un proceso progresivo que culminó con la reforma energética de Peña Nieto en 2013.
Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.